Va a ser que lo de las bolas de cristal y los turbantes con brillantina no son lo mío. Por ahora no podré ganarme la vida adivinando nada. Y es que, aunque mi predicción de la semana pasada comenzó tomando forma tal y como dije, mi querida Lomana prefirió tirarme la bola de cristal a la cabeza salvando a los cuatro nominados de la noche.
Como la directora de la escuela de glamour hizo una excepción, yo podría hacer lo mismo y resumir todo el programa en las mínimas palabras posibles, ya que de nuevo tuvimos una buena sobredosis de vídeos de Lara haciendo el mono. De nuevo con sus papeles habituales y provocando más de una mordida de lengua en los profesores, Hardchoni solo tuvo algunos momentos de lucidez intentando enseñar a su amiga “la Cari” como caminar con tacones, como vestirse adecuadamente o como preparar una mesa. Pero claro, tampoco hace falta decir que la regla habitual de la chica esta sigue siendo “una de cal y diez de arena”, pues son ya demasiadas semanas viéndole hacer lo mismo de siempre.
Una pena aun peor es ver como la directora, Carmen Lomana, parece estar siendo abducida por ese “bajunerío” tan temido y criticado semanas atrás. Tantas horas con sus protegidas, Lara y Azahara, están consiguiendo que una de las caras más conocidas del glamour en la actualidad baje los escalones suficientes como para acabar colaborando en ese gran éxito de la música que será ‘Pava, Pava, Lerda, Lerda’ esa canción de la que prefiero ni acordarme, pues si su letra me hace querer arrancarme las orejas y comérmelas, su ritmo descompasado es digno de úlcera sangrante.
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[...] La visita de Tatiana a la mansión ha servido para confirmar las sospechas de todo el mundo: Lara es insoportable. La rusa de Roquetas ha terminado bastante harta de los gritos, las gracias y el afán de protagonismo de la de Leganes. Respecto a su aprendizaje, a Tatiana le ocurre como a sus compañeros, bien de modales y mal de libros. Y es que lo de decir que “en España no hay ríos porque nunca ha visto ninguno” se me hace tan fuerte que aun no tengo claro por donde empezar a cortarme la cabeza. [...]
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